Dan Rivera, el alcalde de Lawrence, es hijo de una humilde costurera dominicana

Entrevista especial del periodista Alexander Peña, desde Massachusetts, para el diario digital Acento de la República Dominicana

Foto: Alexander Peña/Acento

LAWRENCE, Massachusetts.- Entramos a su modesto despacho a la hora acordada, 3:30 de la tarde. Es viernes, y aquí el verano por fin empieza a sentirse en el ambiente, luego de un prolongado e intenso invierno.

El más “largo” en muchos años, comenta la gente, que sale por montones a la calle, a las plazas, a los parques; a cualquier espacio público del casco urbano, aprovechando el reinado del sol y el cese definitivo, aunque tardío, de la nieve.

Así transcurre el día afuera, particularmente frente al City Hall o Palacio Municipal de Lawrence, en el concurrido entorno del Campagnone –rebautizado por los dominicanos como el “Parque de las Ardillas”–, pero el inquilino más importante del histórico recinto ni se da por enterado.

A Daniel Rivera, el alcalde de la ciudad con más población dominicana del estado de Massachusetts, lo encontramos en plena faena laboral. Bolígrafo en mano, con su laptop y un manojo de papeles del que únicamente aparta la vista para saludarnos y dar inicio a la entrevista.

“Arranca cuando quieras, podemos ir hablando en lo que termino”, dice mientras revisa uno a uno los documentos, antes de rubricarlos.

“Son papeles, de gastos, que voy revisando, porque uno tiene que ver bien en qué se está gastando el dinero. Para mí es muy importante saber lo que estoy firmando; hay demasiadas cosas por hacer y prefiero ver con mucho cuidado lo que firmo”, explica el “mayor” (Alcalde, en inglés) de esta pequeña urbe de inmigrantes.

Esta entrevista fue publicada en la República Dominicana por el periódico Acento, en junio del 2014. Lea la versión original dando clic aquí

 

Rivera, de 42 años, es sin duda un político experimentado, con una amplia trayectoria en el sector privado y un “background” académico que, asegura, ha decidido poner “al servicio de los hispanos, de los anglosajones, de toda la gente” de Lawrence.

Antes de descollar como líder comunitario, activista del Partido Demócrata y vicepresidente del Consejo Municipal de Lawrence, Rivera fue un activo “boy scout” y participó en la Guerra del Golfo (Iraq, 1990) como Policía Militar del ejército estadounidense.

Hizo historia en noviembre pasado (del 2013) al vencer –en segunda vuelta y contra todos los pronósticos– a su antecesor, el también dominicano William Lantigua, que había ganado el primer escrutinio con casi tres mil votos de ventaja.

Rivera afirma que tiene la capacidad, el equipo, la experiencia  y más que todo, la voluntad política para hacer lo que prometió en campaña: reducir al mínimo la inseguridad y el alto índice de desempleo, que en Lawrence ronda el 14%, casi el doble que a nivel estatal.

“Claro que sí”, afirma sin pensarlo, cuando le pregunto si ese afán por estar al día en todo; esa tenaz vocación de trabajo que le atribuyen y ciertamente exhibe mientras hablamos, la aprendió de Eladia Ramos, aquella humilde costurera de San Pedro de Macorís que le trajo al mundo y de la que siempre habla.

De aquella madre soltera que “sudó la gota gorda”, laborando día y noche, en la factoría y en casa, para levantar a sus cuatro hijos y echar raíces en un país extranjero.

Foto: Alexander Peña/QPeach

La prensa lo describe como un “domínico-puertorriqueño”, “de origen dominicano”, y algunos hasta dicen que es más “gringo” que hispano ¿Usted se considera, se siente ser dominicano?

Claro que sí. Yo le digo a la gente que yo me crié aquí, en Lawrence, y a mi papá, que es puertorriqueño, nunca lo llegué a conocer. Mi mamá se encontró con él en Nueva York, me tuvieron a mí y ella vino aquí sola… medio puertorriqueño, medio dominicano, pero mi crianza es dominicana. Todos esos cocotazos que yo recibí en casa cuando chiquito, son cocotazos dominicanos (Risas).

¿Ha visitado la República Dominicana?

Sí. Después que terminé la High School (escuela secundaria) fui y me pasé varias semanas con mi tía en San Pedro de Macorís; mayormente fue ahí, entonces fuimos a Luperón, que también que tenemos familia allá, en Puerto Plata. Mi tío murió y dejó mis primos allá.

¿Qué tan duro ha sido el camino para llegar hasta aquí?

Siempre he tratado de trabajar, trabajar duro por lo que uno se gana; pero más allá, tener en mente el asunto de cómo nosotros podemos avanzar, como comunidad. Ese asunto de que “no es suficientemente dominicano, latino” me da risa porque a veces la gente usa eso para encubrir malos hábitos. La gente cree que la cultura de nosotros es solo night clubs, la música a to’ lo que dá, la cerveza, una fiesta. Y no, también tenemos nuestra historia, los padres de la patria; somos gente de iglesia, de familia y trabajo, y ése es el orgullo de nosotros. Nuestros peloteros…

A usted lo crió su madre, una madre soltera ¿Qué aprendió de ella?

Muchas cosas, a trabajar. Ella trabajaba en factorías los fines de semana, de noche, era costurera. Recuerdo que traía trabajos a la casa, tenía una máquina de coser en la casa; o sea, se pasaba todo el tiempo cosiendo. Ella vino de Santo Domingo cuando tenía 16 años. Hacía eso en New York y también aquí. A Lawrence nos mudamos cuando yo tenía cinco años, pero yo nací en El Bronx (New York). El ejemplo de ella también me ayudó en el ejército, me hizo la vida más fácil, porque lo más que tú trabajas en el ejército, más fácil te sale todo. Allí, si tú eres lento pasas mucho trabajo.

Veo que comió hace pocos minutos y no para de trabajar. ¿También lo aprendió de ella?

Claro… es que hay tantas cosas que hacer. Ella siempre desde la mañana a la noche estaba “fajá”. A ella le gustaba cuando llegaba a casa sentarse a ver un chin de televisión, pero todo el resto del tiempo estaba siempre trabajando,  buscándosela para nosotros. Somos cuatro hermanos: dos hembras, yo y mi hermano mayor. Él tuvo muchos problemas con la ley, problemas con el crimen, su adicción a las drogas, y como nació allá (en la RD) finalmente lo deportaron, él vive allá ahora. Eso fue algo tremendo para la familia.

¿Cómo surge su interés en la política? ¿Tuvo algo que ver su paso por  el army?

En parte sí.  Yo siempre en mi mente sentía una gran admiración, que era un gran honor ser parte del ejército. Una vez  estábamos en Alemania  haciendo los preparativos para ir a la guerra (de Iraq), y salió un tipo de Washington y dijo “no, ese equipo va ahí”. Yo me dije “wao, este tipo con una corbata, de Washington, es que está dirigiendo el asunto”. Ese tipo era Dick Cheney, que era Secretario de Defensa y después fue vicepresidente. Él estaba al frente aunque no estaba haciendo la guerra, y yo pensé en el poder que tiene la gente política. Entonces, al volver aquí veo que hay una Alcaldía y un Consejo Municipal que tiene tanto control sobre nuestra comunidad y puede hacer tantas cosas positivas. Yo me dije “me gusta eso”. Luego estudié Ciencias Políticas.

Foto: Alexander Peña

¿Cuáles son, desde su óptica, los mayores problemas y retos de la comunidad?
Bueno, primero está el asunto de la delincuencia. Aquí el crimen nos está acabando, y tenemos que enfocarnos bien en eso. Tú puedes poner un negocio y “te lleva el dianche” porque hay muchísima gente sin trabajo, la misma gente que compra en las tiendas. Y encima de eso está nuestra reputación, porque ahora mismo decir que eres hispano de Lawrence es decir que eres un loco, y a mí eso me duele. Así que tenemos que cambiar esas tres cosas: hacer la ciudad más segura, buscar empleo a la gente y que todo el mundo cuando conozca a un hispano de Lawrence diga “esa son gente buena, se fajan, saben cómo trabajar”. Hoy en día no estamos ahí.

Durante la campaña prometió hacer de Lawrence “un mejor lugar para vivir y hacer negocios” ¿Cómo piensa hacerlo?

Estamos teniendo reuniones con los demás alcaldes de la región (Valle del Merrimack). Me estoy reuniendo con ellos dos veces al mes, trabajando con ellos en cómo vender la región. Es algo que a ellos les puede dar risa, que tal vez no entiendan, pero a mí no me importa si la factoría va a Methuen o si va a Andover (dos ciudades cercanas), porque cuando tú vas a buscar a alguien para que trabaje en esa factoría, vas a tener que venir a Lawrence, porque somos los únicos que tenemos la gente, la mano de obra que necesitan esas empresas.  Estamos a 30 minutos o menos de ciudades como, Haverhill, Lowell o Boston, y estamos luchando para que vengan las empresas porque tenemos una población de 77 mil personas –probablemente 80 mil con los indocumentados– y 60 mil de esas personas están habilitadas para trabajar. Nadie tiene esos números en todo el Valle, excepto nosotros.

¿Qué medidas concretas se han tomado en esa dirección?

Entre las medidas, hemos relanzado la página web Merrimack Valley Means Business (El Valle del Merrimack Significa Negocios) http://www.mvmb.biz/ junto con todas las alcaldías. Allí tú buscas dónde quieres poner tu empresa, y te da toda la información. Pero no solamente es atraer negocios, sino también ayudar a crecer a los que ya están aquí. Para nosotros es un deber reconocer que en tiempos malos los que estaban aquí fueron los empresarios latinos; entonces hay que ayudarlos a ellos, primero que nada. Estamos yendo a los negocios, preguntándoles “¿qué tú necesitas para crecer? ¿Cómo te podemos ayudar con eso, a buscarte ayuda financiera, limpiar la calle, arreglar una acera, con qué te podemos ayudar?” Porque es más fácil desarrollar una economía con la gente que ya está aquí, pero es una mezcla. Vamos a desarrollar diferentes programas y algunos que ya estaban los estamos reorientando mejor. ¿Cómo? Estamos hablando con los bancos, para ver cómo podemos conectarlos mejor con nuestros negocios; el asunto del financiamiento. Y también buscamos ayudar con la infraestructura, las calles, las aceras. Una de las quejas más grandes es el asunto de la limpieza. Para eso estamos enviando un presupuesto al Concilio Municipal para poner 25 personas a trabajar durante 90 días, durante el verano, a limpiar seriamente la ciudad, calle por calle, también con el reciclaje, y eso va también a tener un impacto en lo económico.

Palacio de la Alcaldía de Lawrence (Foto: Alexander Peña).

¿Por qué es demócrata, y no republicano?

Desde chiquito he sido demócrata, jamás republicano. Porque fui a una escuela pública, un programa progresista; me dieron free lunch (almuerzo gratis) y fui a “day care” (estancias infantiles), que son programas demócratas. Cuando me gradué de la “high school” fui al ejército, pero cuando regresé fui al college (universidad) y pagué con el GI Bill (Un programa de ayuda a veteranos de guerra). Nosotros, mi familia, vivíamos en los proyectos, un programa demócrata. También pagué mi MBA (Maestría en Administración de Negocios) con el programa “student bounce”. O sea, yo soy un producto de las políticas demócratas.

Usted derrotó a su antecesor, otro dominicano, por apenas 81 votos ¿Refleja ese resultado que estamos en una comunidad dividida?

Sí y no. Creo que la división que se manifiesta aquí es de mal entendimiento entre las personas. Creo que la administración anterior usaba ese “no entendimiento” para su beneficio, el decir que “ellos nos van a hacer tal cosa, ellos nos van a quitar, ellos no nos quieren”… eso para mí no tiene sentido en la realidad, porque yo me crié aquí, me crié al lado de muchachos hispanos y muchachos anglosajones, y yo sé que sus padres quieren lo mismo que nosotros para nuestros hijos. Así que, teniendo eso en cuenta, todos queremos a alguien que haga el trabajo bien. Esa fue mi plataforma, hacer la ciudad mejor; no solo para los latinos, que somos la mayoría, los que más nos vamos a beneficiar, eso no hay que decirlo, y yo creo que esa política vende. Yo siempre digo “el trabajo es que va a hablar” y no tengo que estar peleando con todo el mundo por lo que nos pertenece. Si nos fajamos y trabajamos bien vamos a tener lo que nos merecemos. Por ejemplo, yo llegué (a la Alcaldía) y veo que aquí no hay un sistema de autobuses que te permita montarte en la Essex y apearte en la Broadway. Bueno, el primero de julio va a iniciar un servicio que ya tú podrás hacer la ruta Essex-Haverhill-Lawrence-Broadway (calles céntricas de la ciudad) y viceversa cada 30 minutos, por US$1.25. ¿Y quién va a beneficiarse más de eso? Los latinos. Hay unidad, no solo entre los dominicanos, sino entre todos los latinos.

¿Mantiene algún contacto con el exalcalde Lantigua? ¿Qué opina de su gestión?

La administración de él y la mía trabajamos bien, juntos, durante la transición, pero hoy en día no mucho. Él tenía su manera de cómo dirigir la ciudad y yo tengo una diferente, yo soy más incluyente. No lo veo como un oponente, porque ya la campaña acabó, y tenemos tantas cosas por delante. Una de las cosas por las que corrí (para alcalde) fue porque vi tantas oportunidades perdidas… ¿por qué no se pueden limpiar las calles? ¿Por qué no se puede tener un Departamento de Policía que responda a nuestras necesidades? ¿Por qué no hay nuevas empresas aquí? Tenemos que trabajar con la comunidad para todo eso.

Lantigua marcó sin duda un antes y un después, siendo el primer alcalde hispano de Lawrence ¿Cómo quisiera que la comunidad lo recuerde a usted?

Que siempre nosotros hicimos lo mejor por nuestra comunidad y que dejamos un legado de un trabajo hecho profesionalmente, hecho sin bulla y con un resultado que tenga un impacto a largo plazo. Nunca digo yo, sino nosotros, porque somos un equipo que estamos gobernando juntos. Quisiera que en el futuro digan que fue un tiempo de tranquilidad, de profesionalismo y de desarrollo, y en el que hubo más seguridad en Lawrence.

¿Qué les dice a quienes ponen en duda su “dominicanidad”?

Que soy un hijo de la comunidad, criado aquí, un muchacho que creció en Lawrence.  Si tú necesitas un primera base, no vas a buscar un cátcher o un pítcher; yo sé jugar primera base, William (Lantigua) sabe jugar tercera base. Porque yo me preparé para esto, me puedo sentar con gente de compañías a defender la comunidad. Son necesidades totalmente diferentes, pero todos somos parte del mismo equipo. Estamos orgullosos de ser latinos, dominicanos. Y trabajamos para que la comunidad dominicana se desarrolle bien, que cuando vean lo que está haciendo el alcalde, digan “bueno, nos están representando bien, su trabajo nos está beneficiando” [Alexander Peña].

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