Periódico de Pensilvania pone en duda caso de dominicano sentenciado a dos cadenas perpetuas


FILADELFIA.- El influyente periódico de Pensilvania, Philadelphia Inquirer, aportó en un reciente reportaje nuevas pruebas en favor de la inocencia del dominicano Pedro J. Reynoso, condenado a dos cadenas perpetuas por sendos asesinatos vinculados al narcotráfico el 23 de julio de 1991, en un barrio de Filadelfia.

Mientras Reynoso espera la respuesta de la cancillería dominicana a la que solicitó copia de un documento de viaje, que la institución alega no aparece en sus archivos, la reportera Samantha Melamed, ubicó testigos claves, entre ellos la hermana de uno de los asesinados.

En el reportaje titulado “Ella dice que sabe quién mató a su hermano, pero nadie escuchará”, la señora Marisol Colón Torres, le dijo a la periodista que ella estaba en su casa en el norte de Filadelfia, cuando ocurrieron los homicidios y cuando “Chuito”, un narcotraficante dominicano fue a buscar a su hermano Carlos Colón Torres.

La hermana relató que “Chuito estaba enojado, y Colón Torres dijo que ya sabía que era peligroso. Se dirigió a un punto de drogas a unas pocas puertas de su casa en la cuadra 3000 de la calle North Darien, y una vez, cuando la contrató para limpiar otra casa de su propiedad, se volvió agresivo con ella sexualmente. En otra ocasión, cuando su esposo le robó, dijo, Chuito lo sostuvo bajo una ducha caliente para darle una lección”.

Entonces, recordó, que dobló la esquina para esperar a su hermano, para hasta que saliera de su auto y le advirtió que no fuera a la cuadra ese día.

Mientras estaba sentada en una escalinata esperando, sus hijos, los niños corrieron.

“Nunca olvidaré sus caras, nunca”, dijo la testigo. “Mis hijos corrieron hacia mí y me dijeron: ¡tío, tío, algo le pasó a tío!”.

Ella corrió de vuelta a la cuadra, donde, dijo, encontró a su hermano y al pasajero, un adolescente de 17 años llamado Charles Rivera, que había recibido un disparo.

Rivera ya estaba muerto. Torres Colón recuerda que estaba frenéticamente tratando de empujar a su hermano al auto para que pudiera ponerse detrás del volante y llevarlo al hospital. En cambio, la policía vino y lo arrojó a la parte trasera del patrullero. Ella lo siguió y recibió la noticia en el hospital Temple University. Ella recuerda que perdió sus zapatos en algún lugar del camino, que estaba descalza en el suelo de baldosas frías cuando su hermano fue declarado muerto.

“Cuando regreso, Chuito está en la casa con una pistola en la mano. Le dije: ¿estás listo para matarme también?, hazlo. Él dijo: te hice un favor. Dije: “será mejor que me mates también, porque me aseguraré de que estés encerrado”. Y él dijo: “lo que sea. Se metió en el automóvil que conducía para matar a mi hermano y se fue”.

Después de eso, dijo, su enojo superó su miedo y le dijo a la policía lo que sabía.

Chuito no estaría encerrado. En cambio, durante las últimas dos décadas, otro hombre ha sido encarcelado por el asesinato.

Colón Torres dijo que el hombre, Pedro Reynoso, no había sido visto en el vecindario desde unas semanas antes del incidente. De hecho, 10 testigos de coartada, incluido un sacerdote, todos afirmaron que estaba en la República Dominicana.

“Hemos tenido miembros del consulado llamándonos sobre este caso, diciendo que también creen que estaba en la República Dominicana en el momento del asesinato”, dijo Marissa Boyers Bluestine, directora ejecutiva del Pennsylvania Innocence Project (Proyecto Inocencia de Pensilvania). “Eso está muy bien, en cuanto a coartadas”.

Pero en abril, un juez federal rechazó una petición de hábeas corpus de Reynoso, el último esfuerzo en una lucha de dos décadas por su absolución.

Incluso la declaración jurada de Colón Torres en 2011, en apoyo de Reynoso, no ayudó. “Tal declaración jurada tardía no tiene un gran peso”, escribió en su informe la jueza magistrada estadounidense Lynne Sitarski. Ella encontró la declaración “ni exculpatoria ni creíble”.

El idioma

El periódico dice que es un caso que involucra los problemas habituales con las retractaciones de los testigos oculares y las preguntas sobre las técnicas de interrogatorio, todo ello complicado por las barreras del idioma y las diferencias culturales.

Torres Colón, que prácticamente no hablaba inglés en aquel momento, cree que esa fue una de las razones por las que la policía no la escuchó.

“No creo que sea una coincidencia”, dijo Bluestine. “Que sea una mujer sin poder con problemas de lenguaje y comunicación, yendo en contra de todo un sistema que dice: ‘No, lo tenemos. Sabemos quién lo hizo”.

La hermana de Reynoso, Minerva, intentó abogar por él durante años, pero, con su inglés limitado, nunca llegó muy lejos. El resto de la historia dando clic aquí

 


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