La increíble historia de “Pep”, el perro que fue condenado a cadena perpetua por ‘matar a un gato’ en Pensilvania

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Pep era un Labrador Retriever negro admitido en la Eastern State Penitentiary el 12 de agosto de 1924. El folklore penitenciario cuenta que el gobernador Gifford Pinchot usó su poder para sentenciarlo a la vida sin libertad condicional por matar al querido gato de su esposa.

“Pep” protegonizó una de las historias caninas más sorprendentes del mundo cuando fue sentenciado a prisión perpetua en la Eastern State Penitentiary, el 12 de agosto de 1924, por el asesinato de uno de los miembros de su familia: un gato.

Se trata de la misma cárcel que albergó a personalidades emblemáticas delictivas como Al Capone. Increíble, pero cierto.

Este labrador es una de las primeras mascotas en contar con una ficha policial. Fue un regalo del sobrino para la mujer del gobernador de Pensilvania, Cornelia Bryce, quien tenía un amado gato que fue víctima de los instintos naturales del peligroso can.

“Había matado al gato de la esposa del gobernador”, afirma Annie Anderson, investigador del histórico sitio en la Penitenciaría del Estado en Filadelfia, que hoy  es un museo.

Un artículo del año 1925 en The Boston Globe evidencia el increíble hecho con una inusual fotografía de un perro en una silla junto a dos guardiacárceles que lo detienen por atrás cuyo titular afirma: “El perro del gobernador es sentenciado por el asesinato de un gato, según un comunicado de la penitenciaria”.

Pero pasó toda su vida en la penitenciaria y, es más, contaba con su propio número de preso (C-25599). Hay incluso una ficha policial y una foto tomada en la que lo llevan del cuello. Sin dudas se convirtió en el perro más rudo y temido de su época pese a que claramente su detención fue una clara manipulación política iniciada por la esposa del gobernador.

Sin embargo, otras teorías afirman que su único delito fue romper un par de sillones de la dama por lo que, ante el comportamiento agresivo y destructivo de Pep, el gobernador decidió confiscarlo a la penitenciaría como soporte psicológico para los presos.

newsSe dice que en una de las visitas del gobernador Grifford Pinchot a Maine vió cómo los perros eran utilizados como terapia para los prisioneros y Pep parecía ser el candidato perfecto.

Sin dudas, este singular perro se ganó el corazón no solo de los guardias de la penitenciaría sino también de los presos, quienes, entre todos, lo cuidaron hasta el lecho de su muerte. El can murió por causas naturales y fue enterrado en la prisión.

Muchas versiones afirman que la historia surgió de la imaginación de un reportero que quería darle audiencia al joven periódico para el que trabajaba. A partir de la publicación de la instantánea de Pep en el periódico, el hijo del gobernador aseguró que, según informó el portal perrosconhistoria, su padre recibía casi a diario cartas con críticas por su actitud. [Infobae]

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