La Pandemia, una real ‘pesadilla’ para los bares y restaurantes de Pensilvania

En estados como Nueva York, Nueva Jersey, Florida, Pensilvania, y a todo lo largo y ancho del territorio estadounidense, la expansión sin freno del coronavirus sigue sacudiendo con fuerza al negocio de los bares y restaurantes, así como a los millones de empleos que dependen, directa o indirectamente, de estas actividades comerciales.

Según la Asociación Nacional de Restaurantes, este diverso sector de la economía -que es el segundo mayor empleador de Estados Unidos en el ámbito privado- se encuentra entre los más afectadas por la pandemia, con pérdidas estimadas en 240,000 millones de dólares para finales de año.

“Es un momento apocalíptico para esta industria (…) Fuimos la primera industria en cerrar y seremos los últimos en recuperarnos de esta pandemia”, señaló el vicepresidente ejecutivo de la entidad, Sean Kennedy, citado por la agencia AFP.

Hasta el 10 de julio, un total de 26,160 restaurantes han dejado de operar en Estados Unidos, de los cuales el 60% (15,770) cerraron permanentemente, de acuerdo con datos obtenidos en la aplicación especializada Yelp.

Se trata del sector que más cierres de establecimientos ha experimentado, superando al de las ventas minoristas, a causa de las pérdidas devastadoras registradas durante el presente año en sus ventas, en sus ganancias, en su propia rentabilidad.

En Pensilvania, la Asociación de Restaurantes y Hostelería (PRLA, en inglés) estima que 7,500 restaurantes podrían cerrar en el estado debido a la pandemia y las restricciones impuestas para frenarla, por las autoridades a las operaciones de estos comercios.

Restricciones que fueron reforzadas desde el pasado 15 de julio, cuando por mandato del gobernador Tom Wolf se dispuso que los restaurantes y bares que sirven comida solo pueden albergar clientes en su interior hasta a un 25% de su capacidad, entre otras limitantes operativas.

A pesar de los programas de asistencia estatal, la situación ha empujado a que no pocos propietarios se hayan decidido por cerrar de manera definitiva sus establecimientos de expendio de comidas y bebidas.

“La reducción al 25% de la capacidad es esencialmente lo mismo que eliminar completamente la comida en interiores, y no hay escenario en el que los restaurantes puedan sobrevivir en ese nivel de ocupación”, ha dicho en declaraciones de prensa John Longstreet, presidente de la organización empresarial. [Alexander Peña/QPeach]

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